jueves, 22 de junio de 2017

La matanza de Glencoe

Hablar de Glencoe no es sólo hablar de sus espectaculares paisajes, también es hablar de uno de los episodios más negros y tristes de la historia de Escocia


Corría el año 1691. La Revolución Gloriosa había conducido al protestante Guillermo de Orange al trono británico, en detrimento del católico Jacobo II de Inglaterra y VII de Escocia. Entre tanto, en terreno escocés se produjeron numerosas refriegas entre los partidarios de la casa Estuardo y los de la Hanover. Las victoria se sucedían en uno y otro bando, sin ser concluyentes, hasta la muerte del líder jacobita, John Graham Dundee, en la batalla de Killiecranckie. La pérdida de "Bonnie Dundee" fue un golpe letal al ejercito jacobita que, tras varias derrotas en su ausencia, puso fin a esta guerra civil y no tardó en dispersarse por las highlands. 

En el retorno de una de estas batallas hacia sus tierras, dos ramas del clan McDonald, los McLains de Glencoe y sus primos del clan McDonnell of Glengarry, entraron en las tierras de Robert Campbell de Glenlyon saqueándolas y robándole parte de su ganado. El clan Campbell, uno de los aliados más fieles del gobierno inglés, y enemigo acérrimo del clan McDonald, no tardó en poner el grito en el cielo y reclamar su correspondiente compensación. Además Robert Campbell era famoso por su afición al juego y a la bebida, lo que le había granjeado muchas deudas que se verían multiplicadas tras esto. 

John Dalrymple

A Guillermo de Orange le preocupaban mucho los clanes de las Highlands y su lealtad hacia el depuesto Jacobo II. Temía otra guerra civil y quería evitarla a toda costa. Así que desde las alta esferas de la corte se empezó a urdir un plan maquiavélico. Al frente del mismo se puso John Dalrymple, Conde de Stair y apodado como "la maldición de Escocia"

Hábil político, aún trabajando para Jacobo II, se dedicó a conspirar en la sombra para facilitar la llegada de Guillermo de Orange al trono británico. Por los servicios prestados a la casa Hanover, es nombrado primero Procurador General y posteriormente Secretario de Estado para Escocia. 

Sus primeras decisiones como máxima autoridad en Escocia fueron para con los clanes de las Highlands, con los que tenía una fijación casi enfermiza, y a los que trató con desdén. Para ello contó con la inestimable ayuda del clan Campbell, especialmente del ambicioso John Campbell, Conde de Breadalbane, también conocido como "John el resbaladizo" por ser poco de fiar y jugar siempre a dos bandas.

Ruinas del castillo de Achallader, donde se reunieron los jefes de los clanes con John Campbell

En un intento de demostrar su lealtad a la nueva corona, John Campbell se ofreció para reunirse en las ruinas del castillo de Achallader con los jefes de los diferentes clanes rebeldes. Les ofreció un acuerdo de 12.000 libras y el perdón real por su pasado jacobita si le juraban lealtad al rey Guillermo de Orange antes del 1 de Enero del 1692. Aquellos clanes que no accediesen a la firma tendrían consecuencias fatales. 

Como era de prever, la mayoría de los clanes tenían un sentido de la lealtad inquebrantable y se negaban a jurar lealtad al enemigo del que consideraban rey legítimo. En una hábil maniobra, y tras una acalorada discusión entre los miembros de los diferentes clanes durante la reunión, John Campbell propone un segundo juramento secreto. Los clanes jurarían lealtad al rey Guillermo de Orange pero, en caso de que Jacobo II arribase en tierra escocesa con tropas francesas para recuperar su trono, ellos quedarían exentos de su juramento y podrían sumarse de nuevo a las tropas jacobitas. 

Aún estando de acuerdo con este segundo trato, los clanes escoceses no firmaron nada hasta ver qué respondía Jacobo II desde su exilio en Francia. La respuesta no fue sencilla para él y estuvo un tiempo meditando qué decirles. A mediados de diciembre la carta salió de Francia, llegando a Edimburgo el 21 del mismo mes, con a penas 10 días para informar a todos los clanes. 

Lo que nunca supieron los clanes es que esa carta de Jacobo II a los jefes de los clanes había sido interceptada por espías del gobierno de Londres. Fue leída detenidamente y, sin prisas, reenviada hacia Edimburgo. John Darlymple, furioso, quiso dar un escarmiento a los clanes. Envió 400 soldados a Fort William, preparados para actuar de inmediato contra aquellos clanes que no se sumasen al juramento.

La carta fue pasando de valle a valle, de clan a clan, pero el tiempo se les echaba encima y el clima poco ayudaba. Así, los jefes de los diferentes clanes fueron llegando y jurando lealtad al rey en presencia de un magistrado que daba fe de ello. Sin embargo, Alaistair McIain de Glencoe, jefe del clan McDonald en Glencoe, fue uno de los últimos en enterarse y se retrasó más de lo deseado a la hora de prestar juramento. Por un lado, sufrió las inclemencias del duro invierno escocés, lo que le retrasó mucho su avance. Y por otro se encontró que, al llegar a Fort William el 31 de Diciembre, el coronel Hill rehusó a recibir su juramento alegando que no era competencia suya. 


Alastair McIain entonces tuvo que dirigirse a Inveraray, sede del clan Campbell, los enemigos históricos de los McDonald. Allí debería dirigirse a Colin Campbell, la máxima autoridad del condado de Argyll y hacer su juramento ante él. El coronel Hill escribió una carta de protección en la que le instaba a que el gobierno no tomase ninguna represalia contra Alastair puesto que se había personado en Fort William a tiempo para cumplir su juramento.

El viaje por las tierras poco hospitalarias de los Campbell le llevó tres días. Por el camino fue detenido por las tropas gubernamentales del capitán Drummond, quienes lo retuvieron en el castillo de Balcardine. De poco sirvió la carta de protección, ya que desconfiaron de la veracidad de aquel escrito. Por si fuera poco, al llegar a Inveraray se encontró con que Colin Campbell estaba ausente porque se había marchado a pasar año nuevo con su familia. 

Finalmente, con un retraso de seis días y a regañadientes, Colin Campbell recibió el juramento de Alaistair McIain. El plan orquestado por Darlymple y John Campbell había sido un éxito. El primero tenía la escusa perfecta para escarmentar a los clanes de las highlands y el segundo la tenía para ejercer su venganza sobre el clan McDonald de Glencoe.

Mientras tanto Alaistair y sus hombres retornaron a Glencoe confiando en que todo estaba arreglado y que su clan estaba a salvo. La firma del juramento, junto con la carta de protección del general Hill fueron enviadas a Edimburgo para que quedase constancia en el Edimburgh Privy Council. Incluso el general Hill les envió una carta en la que les informaba que estaban bajo la protección de las tropas de Fort William.

Cuando los documentos de Alaistair McIain llegan al Edimburgh Privy Council, varios de los abogados más poderosos e influyentes de esta institución -que eran Campbells, como no- ya estaban al acecho. Nada es casualidad. Manipulan los documentos y declaran inaceptable el retraso en el juramento. El caso es que los McDonald de Glencoe no fueron los únicos que habían llegado tarde al juramento, es mas, hubo clanes que incluso se negaron a hacerlo. Sin embargo la fijación de Darlymple y John Campbell con los campbell era casi enfermiza y, en el caso del primero se desconoce aún por qué.

Los McDonald, el otrora poderoso clan que ostentó durante muchos siglos el título de "Señores de las Islas", eran orgullosos, rebeldes por naturaleza y con cierta tendencia al bandolerismo en tierras vecinas. Pero, de los clanes que participaron en el juramento secreto, desde luego que no era el peor ni mucho menos el más poderoso. Francamente, era un clan con un gran pasado pero en horas bajas. Posiblemente haber escogido otro clan más poderoso en es época -como los Fraser o los Cameron- hubiese tenido represalias por el resto de los clanes y les crearía problemas a las tropas gubernamentales.

El coronel Hill, el más noble entre las tropas gubernamentales, solicitó paralizar la intervención militar que planificaba Darlymple ya que entendía que, al menos, se le debía dar la oportunidad a los McDonald de exponer su caso. No se admitió su recurso. 



Para la misión se escogió a Robert Campbell, un militar poco carismático, muy manipulable y con pocas simpatías entre la gente, del que hablamos anteriormente. Además, guardaba lazos de sangre con los McDonald ya que su sobrina estaba casada con el hijo menor de Alaistair McIean

Cuando los McDonald vieron aparecer por el valle un contingente de 120 casacas rojas al mando de Robert Campbell, no se extrañaron ya que se sabían protegidos por el juramento. Las tropas debían de instalarse en la aldea de Glencoe y esperar órdenes. Así que, abusando de la tradicional hospitalidad de los clanes, solicitó ser alojado en sus casas bajo el pretexto de que estaban recogiendo impuestos a los diferentes clanes.

Se les alojó y se les alimentó durante 10 días en los que compartieron mesa, juegos de cartas e incluso cama en algunos casos. No era extraño pues compartían la misma cultura de clanes. Incluso Robert Campbell visitaba a diario a su sobrina. No había nada extraño que hiciese sospechar algo de lo que vendría.

El décimo día llegaron las órdenes de Darlymple, en las que se instaba a Campbell y a sus hombres a pasar por la espada, a las 5 de la mañana, a todos los miembros del clan McDonald menores de 60 años. Y especialmente a Alaistair McIain y su linaje, del que no podría quedar ningún superviviente. El incumplimiento de estas órdenes supondría que Campbell y sus hombres serían acusados de alta traición a la corona y, por tanto, ejecutados.

 Supuestamente Robert Campbell debía esperar la llegada del mayor Duncanson, que sería quien dirigiría la masacre. Sin embargo, entre que el mal tiempo retrasó seis horas su llegada y que Robert Campbell adelantó dos horas el ataque, nunca llegó a tomar parte en él. 

La matanza se inició en la madrugada y Alaistair McIain fue una de sus primeras víctimas tras ser atravesado por una espada mientras dormía plácidamente en su cama. Sus dos hijos mayores lograron escapar hacia las montañas, como muchos de los McDonald. Se estima que, de los 1000 habitantes de Glencoe, 38 fallecieron en el ataque y se estima que entre 40-300 más lo hicieron mientras huían, muchos a consecuencia del frío. 


Cementerio McDonald en la isla de Eilean Munde
Esa misma noche muchos de los supervivientes bajaron de las montañas para enterrar a sus familiares en la cañada y en las cercanías de Glencoe. Los restos de Alaistair y su familia fueron enterrados en el cementerio que el clan McDonald tiene en la isla de Eilean Munde

Dalrymple montó en cólera cuando se enteró que los hijos mayores de Alaistair McIain, el jefe del clan, habían escapado con vida. Tampoco entendía bien cómo un ejercito profesional de 120 hombres tan sólo fuese capaz de matar a 38 personas actuando de noche y por sorpresa. Quizás se dieron cuenta de la atrocidad que estaban cometiendo y no fueron capaces de continuar con aquella barbarie. No olvidemos que los soldados eran también miembros de clanes como el Campbell. 

El caso es que Dalrymple puso precio a la cabeza de los hijos de Alaistair y los persiguió sin descanso pero sin éxito. Robert Campbell por su parte agudizó sus problemas con el alcohol y se lamentó -como muchos de sus soldados- toda su vida de haber participado en aquella carnicería. 


La carta en donde se daban las órdenes para llevar a cabo la matanza indiscriminada fue extraviada por Robert Campbell. Alguien la encontró y la llevó a Francia, donde fue publicada por el Boletín de París. Las noticias de la matanza se expandieron por una Europa en shock por semejante atrocidad.

John Campbell, viendo que su clan era relacionado con la matanza y públicamente despreciado por otros clanes, rápidamente escribió a los McDonald de Glencoe diciendo que su clan no había tenido nada que ver en todo, que nunca aprobaría semejante barbarie. Los McDonald nunca le contestaron. Era demasiado evidente su participación, máxime cuando era dirigida por un Campbell y con al menos 12 soldados de su clan. 

El rey Guillermo intentó ignorar todo lo que había pasado, centrando su atención hacia la guerra con Francia. Sin embargo, gracias a la labor investigadora de un abogado jacobita llamado Charles Leslie, la reina María se vio obligada a abrir una investigación oficial para aclarar lo acontecido en Glencoe. Incluso el Parlamento de Londres se tomó a pecho el tema e inició una búsqueda de responsables que acabó con el rey Guillermo de Orange saliendo de rositas y con Dalrymple cesado en su puesto.

Sin embargo, las famosas puertas giratorias de la política ya estaban de moda en aquella época. Así Dalrymple recuperaría un cargo de importancia, tanta que sería uno de los máximos responsables de la unión de las coronas inglesa y escocesa en 1707.

Por su parte, los MCdonald de Glencoe regresaron a su aldea y reconstruyeron sus viviendas. John McIain, el hijo mayor de Alaistair, se convirtió en el XIII jefe de su clan. En el lugar fatídico hoy se conserva un monumento conmemorativo. 






Hoy en día, más de 300 años después de aquella masacre, los Campbell siguen estando señalados por muchos escoceses como los principales culpables. Es mas, por la zona de Glencoe no es raro ver en la entrada de algunas casas esta frase "prohibido vendedores ambulantes y Campbells"



lunes, 22 de mayo de 2017

Culloden Moor: La última carga Highlander

Mucho se ha escrito acerca de la batalla de Culloden Moor, la última batalla en suelo británico allá por el año 1746. La derrota del ejercito jacobita frente al bando de la Casa Hannover fue definitiva y supuso la desaparición del sistema de clanes que había regido las Highlands e islas escocesas durante siglos.


A escasos kilómetros de Inverness, la capital de las tierras altas, se encuentra el escenario de la batalla. Hoy en día es un monumento venerado no sólo por los escoceses, sino también por los miles de descendientes de aquellos highlanders que, tras la derrota y perseguidos por el ejercito del Duque de Cumberland, se vieron forzados a emigrar hacia las colonias de ultramar (Australia, EEUU, Canadá, Nueva Zelanda...) para salvar su vida. Si vas a Culloden seguro que verás alguno y te sorprenderá que, aún habiendo nacido en otro país y después de varias generaciones, guarden tanto respeto a la memoria de sus antepasados.


Entrada a Culloden Moor
La primera gran mentira que se nos cuenta acerca de Culloden, es que fue una batalla entre el ejercito inglés y el escocés. Esto es totalmente falso porque había escoceses combatiendo en ambos bandos. Hubo clanes que apoyaron al ejercito jacobita, otros al ejercito gubernamental de los hannover, alguno tenía representantes en ambos ejércitos, y otros se declararon neutros y no apoyaron a ninguno.

Otra creencia errónea es la que habla de una guerra religiosa entre católicos y protestantes. Pero no podemos obviar que algunos de los clanes que pelearon en el bando jacobita eran episcopalianos, no sólo católicos como muchos piensan. Se cree que al menos un tercio de la tropa jacobita era de religión protestante.

Lápida conmemorativa de la batalla en un monumento sobre el campo de batalla
Los orígenes del conflicto hay que buscarlos en la "Revolución gloriosa" (1688), momento en la que el rey Jacobo II de Inglaterra y VII de Escocia, el último monarca católico en Gran Bretaña, fue depuesto por su yerno, el protestante Guillermo de Orange. Desde entonces la casa Estuardo intentaría infructuosamente, y no en pocas ocasiones, recuperar el trono con el tímido apoyo de reinos como Francia y España. 

Tras fracasar estrepitosamente en 1715 y 1719 los primeros levantamientos jacobitas, en 1745 se produce un tercer levantamiento, promovido esta vez por Carlos Estuardo, el príncipe heredero, que reclamaba el trono para su padre Jacobo III. Desde su exilio en Francia convoca a los jefes de los diferentes clanes para que le apoyen en su causa, explicándoles que contará con armamento, dinero y voluntarios franceses para su propósito. 


Monumento a los highlanders jacobitas que murieron en batalla. Está ubicado en Glenfinnan, el lugar en donde Carlos Estuardo fue recibido por el clan McDonald, y donde alzó su bandera real por primera vez.
Sin embargo los clanes no se muestran muy entusiasmados con la idea y, nada mas arribar en Escocia, el jefe del clan McDonald le aconseja desistir y regresar a Francia. Máxime cuando el barco en donde viajaban los voluntarios franceses y gran parte del armamento había sido dañado en una refriega con una embarcación inglesa, obligándoles a regresar a Francia. "He vuelto a casa, señor" fue la respuesta del príncipe Carlos Estuardo.

En unos días aparecen en Glenfinnan nuevos clanes que se suman a la causa jacobita: mas ramas del clan McDonald, además de los Cameron, McFie McDonell, hasta completar un ejercito de 1.200 personas. De todos ellos, y excepto dos oficiales, ninguno tenía mucha experiencia militar y mucho menos en guerras.

Por su parte, el ejercito inglés había construido una red de fuertes para controlar las sublevaciones en las highlands. Sin embargo las guerras en el viejo continente le habían pasado factura y a penas contaba con 3.000 soldados, incluyendo los inválidos de guerra que conformaban la guarnición de algunos castillos.



Poco a poco el ejercito jacobita va ganando adeptos entre los clanes de las highlands y conforma un ejercito numeroso con el que toma Edimburgo, que había permanecido fiel a la casa Hannover, y Glasgow. Los Hannover, tras caer la capital escocesa, se toman en serio la amenaza jacobita y envían al ejercito gunernamental acuartelado en Escocia a hacerles frente.

Tras alguna escaramuza, la primera gran batalla tiene lugar en Prestonpans. Allí el ejercito jacobita literalmente arrasa al ejercito gubernamental de Sir John Cope en tan sólo 5 minutos, causándole más de 500 muertos, muchos heridos y más de 1.000 prisioneros. La carga de los highlanders, temida entre el ejercito inglés por su bravura, acabó con el orden y la táctica prevista inicialmente por Cope, rompiendo por completo sus líneas. 

Ataviados con su manta, y algunos descalzos, los highlanders iniciaban la carga corriendo como posesos cubriéndose con su escudo. A unos 50 metros del enemigo disparaban su fusil o mosquete, que arrojaban al suelo. A continuación proseguían su avance y, cuando estaban a unos 10 metros del enemigo, disparaban sus pistolas, que luego les arrojaban con la intención de que su culata de acero, con forma de garra, golpease en la cabeza del enemigo. Finalmente, en el cuerpo a cuerpo, rechazaban con su escudo el ataque de las bayonetas y los acuchillaban con una facilidad y precisión pasmosa. 



La victoria en Prestopans eleva la moral de las tropas jacobitas pero también crea las primeras envidias y desencuentros entre sus oficiales. Carlos Estuardo, obcecado por tomar Londres, se muestra partidario de invadir Inglaterra desoyendo los consejos de su comandante en jefe, Lord Murray, quien desaprueba por completo esta medida.

Carlos asegura que en Inglaterra se les unirían tanto milicias de jacobitas ingleses, así como un importante contingente francés enviado por Luis XV. En contra de la opinión de Lord Murray, el ejercito jacobita inicia la invasión inglesa con 5.000 hombres, tomando la ciudad de Carlisle. La tensión entre Murray y el príncipe Carlos va en aumento y los desencuentros y desconfianzas del príncipe hacia su comandante en jefe son constantes. Fruto de ello, Lord Murray dimite y pasa a combatir como un soldado mas en el regimiento Altholl.


Sin Murray el descontento entre la tropa crece y Carlos se ve en la obligación de restituirlo en su cargo. Solucionado el incidente, el ejercito jacobita prosigue su avance y toma Preston, Manchester, Derby... Y precisamente en esta última ciudad, tiene lugar un hecho clave. Lord Murray convoca al Consejo Militar y solicita regresar a Escocia ya que no había rastro ni del supuesto apoyo jacobita inglés ni mucho menos de las tropas francesas de Luis XV. El Consejo le da la razón y comienza el retorno a Escocia, cosa que Carlos Estuardo nunca le perdonará. Estaban a 182 km de Londres y seguramente, de haberse acercado mas, Guillermo III habría puesto tierra de por medio.

Entre tanto, el monarca Guillermo III, consciente de que había perdido el control de Escocia, veía peligrar su corona y ya preparaba un plan de escape hacia los Países Bajos. En cuanto arrivan los 10 batallones provenientes de  Flandesentra en escena el Duque de Cumberland. Conforma un ejercito con gente muy experimentada y veterana, y en cuanto puede se dirige al encuentro del ejercito jacobita.

Durante la retirada jacobita, el propio Lord Murray se encargó de organizar la retaguardia pese a la actitud negativa de Carlos y a la presencia cada vez más cercana de las tropas de Cumberland. Carlos seguía haciendo caso omiso a las instrucciones de Lord Murray y fracasa en el asedio de Stirling, la puerta hacia las tierras altas.



Tan sólo quedaba huir hacia las tierras altas y buscar un sitio idóneo para presentar batalla al ejercito gubernamental. Esta medida enfurenció mas al principe Carlos, quien vio como su causa perdía fuelle y llegó a acusar a Lord Murray de traidor. 

Una vez en Inverness, el hambre, el cansancio y la deserción diezmaban las filas jacobitas. Por si fuera poco, Carlos escoge como terreno de batalla el margen izquierdo del río Nairm, justo el contrario al que proponía Lord Murray. La elección no podía ser peor: un páramo empantanado, sin pendientes, con terreno irregular y en donde los highlanders no podían sacar partida de su temida carga.

Por si fuera poco, Cumberland se presentó al frente de 6.400 hombres de infantería, en su mayoría veteranos curtidos en la guerra contra Francia, 2.400 a caballo, 6.000 mercenarios holandeses y un amplio contingente de tropas auxiliares y de voluntarios escoceses, aportados por clanes leales a la casa Hannover (Campbell, Munro, Gunn, Sutherland, Ross, Grant, Cathcart, Cunningham, Kerr y Colville).

En frente, un ejercito jacobita cansado y desnutrido, con apenas 5.000 highlanders (McDonald, McDonell, Cameron, Murray, Gordon, Fraser, McLean, McLeod, Ogilvy, Chrisholm, McLaren, McBean, McLachlan, McKenzie, Chattan, McIntosh y Faqhuarson)y 800 soldados franceses (Écossais Royaux)




La batalla fue una masacre. Durante media hora las baterías gubernamentales machacaron las filas jacobitas mientras los highlanders aguantaban estoicamente la posición esperando a la señal de Carlos para iniciar la carga, lo que motivó las protestas de los jefes de varios clanes. En cuanto llegó la orden, el clan Chattan fue el primero en cargar y, presa de las ciénagas, tuvo que desviarse hacia la derecha, con lo que colapsó a los que cargaban por ese lado y al ataque en general. En semejante caos, sobre un terreno blando e irregular, las salvas de cañones con metralla y las carabinas gubernamentales, causaban bajas con una facilidad pasmosa. 



Todo eran malas noticias para Carlos: el clan McDonald molesto por su ubicación en el flanco izquierdo rehusó la carga, el clan Campbell realizaba un ataque sorpresa a través de un muro lateral a las tropas jacobitas, la revolucionaria táctica de Cumberland para combatir el cuerpo a cuerpo contra los highlanders... En apenas una hora más de 1200 jacobitas yacían muertos y otros tantos heridos, además de 600 prisioneros. No hubo piedad, todos fueron rematados por las tropas de Cumberland que, desde entonces, se ganó el apelativo de "El carnicero".

El principe Carlos huyó como un cobarde, no sin antes enviar una carta a Lord Murray despidiéndole de su servicio. Mientras Lord Murray organizaba un nuevo ejercito de resistencia y criticaba a Carlos por no haber confiado más en él y por no haber administrado bien sus recursos.


lunes, 26 de diciembre de 2016

Clan Fraser of Lovat

El clan Fraser of Lovat es un clan de las tierras altas. Su origen está en la comarca de Inverness, en donde se instalaron allá por el siglo XIII miembros del clan Fraser, provenientes de Aberdeen, con el que guardan parentesco. Hoy en día es muy popular ya que el protagonista de la serie "Outlander", Jamie Fraser, es uno de los jefes de este clan.



Escudo de armas del clan Fraser of Lovat
Su origen se encuentra fuera de Escocia, en la región francesa de Normandía (probablemente en Anjou). En el año 1030 un caballero normando llamado Simon Frezel se instaló en Escocia, en busca de fortuna, y conformó este clan. Los descendientes suyos adaptaron su apellido a la pronunciación local y así surgió el apellido Fraser.

"Je suis prest" o "Estoy preparado", lema del clan
Los Fraser siempre se han caracterizado por ser uno de los clanes más belicosos de toda Escocia. Y es que prácticamente han estado presentes en todos los conflictos bélicos de Escocia y con un papel destacado. Durante las guerras por la independencia escocesa contra el ejercito inglés, primero lucharon con William Wallace y luego con Robert the Bruce. Y por sus actos valor en batalla, donde llegan a salvar la vida hasta en 3 ocasiones al rey Robert the Bruce durante la batalla de Methven (1306), se les conceden las 3 coronas que hoy exponen en su escudo de armas. 


Tartán del Clan Fraser of Lovat
Ya establecidos en la zona de Inverness, en plenas Highlands, los Fraser of Lovat se configuran como un clan independiente del clan Fraser, teniendo un jefe distinto. Allí se ven envueltos en incontables conflictos armados, sobre todo contra sus archienemigos: el clan McDonald of Clanranald. El odio entre estos dos clanes era tal que hubo batallas, como la de Field of Shirts (1544), en las que únicamente sobrevivieron 5 Frasers y 8 McDonalds de los 800 highlanders entre ambos bandos que iniciaron la batalla.


Castillo de Beaufort, sede del clan Fraser of Lovat durante muchos años y. Fue construida al lado de la sede primitiva del clan, el Castillo de Dounie, tras ser destruido éste por los ingleses tras la batalla de Culloden.
En plena reforma protestante respaldaron a la reina católica María Estuardo. Posteriormente, hicieron frente a Cromwell tomando partida en el movimiento covenanter y, como no, también participaron en las guerras jacobitas apoyando incondicionalmente a los Estuardo en la segunda.


Piedra sobre el campo de batalla de Culloden en donde cayeron los miembros del clan Fraser 
La derrota en Culloden tuvo serias consecuencias para el clan. Los mas de dos regimientos que participaron en el combate fueron literalmente masacrados sin piedad por la artillería y los fusiles de los casacas rojas. Su jefe, Simon Fraser, fue capturado y transportado a Londres, en donde sería decapitado (la última persona en correr esta suerte en las islas británicas). Al igual que pasó  con el resto de clanes jacobitas, su comarca fue saqueada por las tropas inglesas del Duque de Cumberland, quien les despojó de todas sus tierras, posesiones y títulos.


Exibición militar del 78º Regimiento Highlander Fraser con sus trajes de gala 

Tras la batalla, el descendiente de Simon Fraser fue perdonado y se ganó el favor del gobierno inglés creando el 78º Regimiento Highlander Fraser. El nuevo ejercito highlander tomó partida en las batallas contra los franceses en las colonias británicas de norteamérica, así como contra los colonos rebeldes en las guerras de independencia americanas, con notable éxito en ambas. 


Los Scots Guards al mando del jefe del Clan Fraser of Lovat, con 2500 soldados (muchos de ellos highlanders del clan Fraser of Lovat) ,desembarcando en Normandía el día D bajo el fuego alemán y al son de su gaitero. 
Durante las dos guerras mundiales, los Frasers of Lovat jugaron un papel importante. Pero sin duda, alcanzaron su cenit durante el desembarco de Normandía. Los Fraser cerraban un círculo pues regresaban a la tierra de la que había salido su antepasado hacía casi mil años. En el famoso día D, donde Lord Lovat, el 25º jefe del clan, lideró al comando de los Scots Guards que iniciaron el asalto a la playa junto a la Brigada Pegaso.


Estatua de Lord Lovat en Ouistreham (Francia) conmemorando su papel decisivo en el desembarco de Normandía

Los soldados nazis que defendían la playa no salían de su asombro al ver al comando escocés avanzar coordinadamente al son de la gaita, tocando el "Highland laddie" y el "The road to the isles". Nadie disparó al gaitero ya que pensaron que solo un loco podría ir desarmado y tocando la gaita en medio de semejante infierno.

martes, 4 de octubre de 2016

Clan Cameron

          



El clan Cameron es un clan de las tierras altas. Su origen está en la comarca de Lochabier, en donde se encuentran poblaciones como Fort William o el techo de las islas británicas, el Ben Nevis.



Su origen es incierto. Hay documentos del propio clan que hablan de que el nombre viene del gaélico cam-shrón, "nariz torcida", en referencia a la de un hijo del rey de Dinamarca que se vino a Escocia y que iniciaría la dinastía. Pero por otro lado la Enciclopeda Collins de los Clanes Escoceses, niega lo anterior y afirma que el origen del nombre viene de los Cambrun de Ballegarno, una familia medieval del condado de Perth.

"Aonaibh ri cheile", o "Unámonos", lema del clan
Desde que su primer jefe, Donal Dubh se instala en la comarca de Lochabier, los Cameron dan muestras de su poder y carisma. Primero asimilan a clanes vecinos como los McMartin, Leary o Taylor, que pasarán a ser parte del clan Cameron. Después tomarán partida en conflictos con clanes vecinos: McIntosh, McPherson y Grant, sobre todo, con los que mantenían una enconada rivalidad.

Piedra que sitúa en el páramo de Culloden el lugar exacto en donde cientos de highlanders del clan Cameron cayeron en batalla abatidos por las descargas de mosquetes y cañones del ejercito real inglés.
Tomaron parte activa en las guerras contra el Reino de Inglaterra, especialmente en los levantamientos jacobitas. Apoyaron el primer levantamiento jacobita en 1715, uno fallido apoyado por España en 1719 en Glen Shiel, y fueron el motor del segundo levantamiento jacobita en 1745. Sin el apoyo incondicional del clan Cameron en todo este periodo, el joven pretendiente, Carlos Estuardo, jamás hubiese podido materializar la revuelta.

Castillo de Achnacarry, sede del clan Cameron
Tras la batalla de Culloden, donde los Cameron perdieron títulos, posesiones y bienes, su jefe tuvo que exiliarse en Francia y muchos de sus miembros emigraron en masa a las colonias de América, Canadá sobre todo. 

En 1784 el clan consigue ir comenzando a recuperar las posesiones que los ingleses les habían confiscado tras la derrota jacobita. Incluso consiguen el permiso del gobierno inglés, tras previo pago de una generosa cuantía, para reconstruir su sede, el Achnacarry Castle, que había sido quemado por las tropas reales tras la batalla de Culloden.

Queen´s Own Cameron Highlanders
Famosos por su destreza y valentía en el combate, además de por su lealtad, los Cameron crearon en 1793 una compañía militar dentro del ejercito británico, al que denominaron Queen´s Own Cameron Highlanders. Además de tomar partida en escenarios como Waterloo y las dos grandes guerras mundiales, esta tropa tiene la peculiaridad de que bajo ese nombre combatieron soldados australianos, descendientes de aquellos highlanders que habían tenido que emigrar forzosamente, y que quisieron sentir el orgullo de combatir con el ejercito con el que habían luchado sus antepasados. Hecho insólito en el mundo militar pero que habla por si sólo del sentimiento de respeto a las lealtades y tradiciones que profesaban estos highlanders.

Tartán del clan Cameron

Tartán del Jefe del Clan (Cameron of Lochiel)
El símbolo del clan Cameron es el roble

miércoles, 20 de julio de 2016

Clan McDonald

           


El clan McDonald, también conocido como clan Donald, o MacDhòmhnaill en gaélico escocés, es uno de los más numerosos de toda Escocia. Hoy en día se reconocen hasta diez ramas: Clan Macdonald of Sleat, Clan Macdonald of Clanranald, Clan MacDonell of Glengarry, Clan MacDonell of Keppoch, Clan MacAlister, Clan MacDonald of Dunnyveg, Clan MacDonald of Lochalsh, Clan MacDonalds of Glencoe, Clan MacDonalds of Ardnamurchan y the MacDonnells of Antrim (esta última, sólo en Irlanda). 

Brazos de Macdonald, de Macdonald.svg
Escudo de armas del clan Macdonald
Se les considera de origen nórdico y gaélico. Por un lado, durante muchos años ostentaron el título de "Señor de las Islas" y fueron vasallos del Rey de Noruega. Por otro, cuando las Hébridas pasaron a manos del Rey de Escocia, los McDonald se convirtieron en sus vasallos.

Clan member crest badge - Clan Macdonald.svg
"Por mar y por tierra", lema del clan
De caracter indómito, originalmente ocuparon las Islas Hébridas y posteriormente se extendieron, sobre todo, por la costa oeste de las Highlands. Fueron enemigos acérrimos del clan Campbell, y aliados del clan Estuardo

Piedra que señala el sitio en donde fue masacrado el clan McDonald en la batalla de Culloden (1746)
En todos los conflictos bélicos contra el ejercito inglés tuvieron notable presencia. Primero en las guerras de independencia al lado de William Wallace y Robert Bruce, quien les concedió el privilegio de siempre estar presentes en las batallas encabezando el ala derecha del ejercito escocés, en honor a su valor mostrado en la batalla de Bannockburn (1314). Y después en los sucesivos levantamientos jacobitas de 1715 y 1746. 

En 1745 los McDonell of Glengarry y Keppoch, fueron de los primeros en apoyar la causa jacobita de Carlos Estuardo, quien se personó en Glenfinan con sólo 7 hombres para reclamar su trono. Colaboraron a la causa sumando aliados de otros clanes e, incluso antes de que Carlos Estuardo arribase en suelo escocés, ya iniciaron las hostilidades por su cuenta atacando al ejercito gubernamental en Ighbridge, obligándolo a rendirse.

Durante la batalla de Culloden, se les desplazó al ala izquierda del ejercito jacobita, lo que motivó su enfado. No obstante, llegado el momento cargaron contra las tropas gubernamentales aunque el barro y el lodo les dificultaron su avance con lo que fueron literalmente masacrados por el fuego enemigo. 


Distribución de los clanes McDonell en la batalla de Culloden (foto; Culloden Visitor Center)

Por su parte, las ramas McDonald, fueron los encargados de recibir a Carlos Estuardo en su territorio, y tomaron partido en todos los conflictos bélicos en el bando jacobita. Tan solo los McDonald of Sleat tomaron partido por el bando gubernamental ya que fueron chantajeados por el gobierno inglés con cuantiosas sumas, además de ser los encargados de gestionar las compañías de transporte marítimo que partían de la islas de Bennecula y South Uist hacia las colonias.

Durante la batalla de Culloden los McDonald estuvieron repartidos en varios regimientos, La mayoría corrieron la misma suerte que sus familiares los McDonell, y fueron masacrados por el fuego gubernamental mientras intentaban infructuosamente avanzar entre el fango. 


Distribución de los clanes McDonald en la batalla de Culloden, en diferentes regimientos (foto; Culloden Visitor Center)
Tras la derrota en la batalla de Culloden, los heridos del clan fueron rematados en el campo de batalla uno a uno y, de los pocos que salieron ilesos, la mayoría fueron hechos prisioneros y enviados a las colonias, donde muchos terminaron sus vidas como esclavos. Muchas de sus tierras fueron saqueadas y quemadas, y pasaron a ser propiedad de grandes terratenientes que apoyaron a las tropas gubernamentales. 

Tan solo las propiedades de los McDonald de Sleat que lucharon contra los jacobitas, permanecieron intactas

Armadale Castle. Sede del clan McDonald
Hoy en día podemos visitar su sede oficial en el castillo de Armadale (Isla de Skye), que alberga un museo sobre el clan que puede ser visitado libremente.


Escudos de armas de las diferentes ramas del clan McDonald

lunes, 21 de diciembre de 2015

Escocia: La costa noroeste y las islas

           ESCOCIA: La costa noroeste y las isLAS      

La costa oeste es sin duda una de las zonas más abruptas y salvajes de Escocia. La dureza del clima, que conforma los espectaculares paisajes que nos atraen de Escocia, también modeló el espiritu indómito de sus gentes y esa raza de guerreros que marcó una época: los highlanders. Tras la derrota en la batalla de Culloden (1745) los ingleses intentaron abolir el sistema de clanes de las Highlands, prohibiéndoles cualquier manifestación cultural vinculada a ellos: kilts, gaitas... Sin embargo muchos de ellos continuaron en el exilio o en la clandestinidad y aún hoy asombra ver la cantidad de gente que se da cita en las reuniones periódicas de los diferentes clanes.

La derrota Highlander en la batalla de Culloden supuso el fin del sistema de clanes que regía en las Highlands
Iniciamos nuestra ruta en Inverness, la capital de las Tierras Altas. Bajamos bordeando el Lago Ness, y allí nos encontramos uno de los castillos más míticos de Escocia: el Castillo de Urquath. Este castillo actualmente se encuentra en ruinas ya que fue destruido por las tropas inglesas para evitar que pudiera ser utilizado por el ejercito jacobita escocés durante las guerras de la independencia. 


No obstante este castillo ha sido a lo largo de la historia eterna fuente de conflictos entre los diferentes clanes (Grant, McDonald, Chisholm, Fraser...) e incluso movimientos sociales como los covenanters, que beligeraban constantemente por su dominio. Tiene una sala de proyecciones y un área comercial pequeña anexa, donde merece la pena pasarse y tomar algo disfrutando de las espectaculares vistas. También existe la posibilidad de acceder a la zona en barco, como nosotros hicimos, y las vistas son mucho más espectaculares.


Abandonamos la zona de Drumnadrochit y proseguimos con nuestra ruta hacia la costa oeste. Nuestra siguiente parada es en Glen Shiel, en donde se celebró una importante batalla dentro de los levantamientos jacobitas del siglo XVIII. 


Los españoles, para complicar la vida a la corona inglesa, enviaron al Regimiento Galicia como apoyo a esas rebeliones independentistas, y allí pelearon mano a mano junto a hombres de los clanes McGregor (capitaneado por el célebre Rob Roy), McKenzie, McKinnon, McIntosh, Cameron, Murray y McDonald. El ejercito inglés, con su dragones al frente y apoyado por clanes escoceses traidores al movimiento jacobita (Munro, Fraser, McKay, Sutherland y Ross), venció tras más de tres horas de batalla. La mayoría de los jacobitas, aprovecharon la niebla y el mayor conocimiento del terreno para escapar.


Proseguimos nuestro camino hacia las Islas Hébridas y, a pocos kilómetros, encontramos uno de los mayores tesoros de Escocia: el Castillo de Eliean Donan. Construido bajo los cimientos de una fortificación picta, hoy es la sede de uno de los clanes más importantes de las highlands, el clan McRae.




Este castillo, como no podría ser de otra manera en Escocia, alberga un fantasma. Y es que Felipe V intentó conquistar Inglaterra abriendo dos frentes de combate: primero un contingente militar desembarcaría en este castillo a modo de señuelo y, con la maniobra de distracción en marcha, posteriormente otro entraría en Londres con una poderosa flota para atacar el corazón del estado inglés. 


El Regimiento Galicia desembarcó en esta zona y se instaló en el castillo de Eilean Donan, almacenando armas y municiones para armar al los clanes que se sumarían a la insurrección. Pero la flota que debía tomar Londres sufrió las inclemencias del tiempo y fue seriamente dañada con lo que el Regimiento Galicia quedó abandonado a su suerte. Con los ingleses merodeando por la zona por tierra y mar, las tropas españolas se dirigieron al encuentro del ejercito inglés en Glen Shiel, dejando una pequeña guarnición en el castillo. 


El castillo fue bombardeado por las embarcaciones inglesas, reducido a escombros y, además quemado. Se dice que uno de los soldados españoles que perdió la vida aún habita entre las paredes de este castillo. De hecho, cuando lo visitamos, uno de sus guías llevaba un pin con la bandera de España. La versión que conocemos hoy del castillo de Eilean Donan, es la de la restauración de 1912 a cargo de John McRae


El castillo es famoso por acoger rodajes de películas como Los Inmortales (The Highlander) o El mundo nunca es suficiente. Hoy es uno de los monumentos más visitados de toda Escocia.


Un poco más alla del castillo de Eilean Donan, alcanzamos la población de Kyle Of Lochalsh, famosa durante muchos años porque desde allí zarpaban los barcos dirigidos a las Islas Orcadas. Hoy, sin embargo, está de capa caída porque han construido un puente que les conecta directamente con la Isla de Skye.


La primera población es Kyleakin, una pequeña población pesquera pero en la que se ve la influencia vikinga por todas partes: arquitectura, rasgos de sus habitantes... . Su nombre significa "estrecho de Haakon", en honor a el rey vikingo Haakon IV de Noruega, que conquistó la isla en pugna con los escoceses. Allí aún se puede ver el castillo de Maol, sede durante mucho tiempo del clan McKinnon, y que hoy está en ruinas. 



Nosotros nos alojamos en este pueblo en el hotel Kings Arms, cuyas instalaciones están un poco anticuadas y no están acordes al precio que se paga. Aún así sigue siendo de lo más económico de la isla y mejora muchos de los hoteles que visitamos.